Una vez al filo de una lúgubre media noche, mientras débil y cansado, en tristes reflexiones, tomado hasta las chanclas, inclinado sobre la computadora en una página de olvidada gracia, cabeceando, casi dormido, viendo una blog de un tal Trakas, escuché como si tocaran, tocaran a la puerta de mi cuarto. "Es -dije musitando- un enviado de la “innombrable” que viene a cobrarme." Eso es todo y nada más. ¡Ah, aquel lúcido recuerdo de un gélido diciembre; espectros de brasas a medio morir, estampadas en el suelo; angustia del deseo de un buen artículo, en vano buscando en la W.U.E.B.A., que matara la monotonía y el dolor. Dolor por la pérdida de la “BaRda De PaPeL”, la única, virgen radiante, “BaRda De PaPeL” por la innombrable llamada. Aquí ya sin nombre, para siempre. Y el crujir triste, vago, escalofriante de la pantalla de la página sin gracia, llenábame de fantásticas tonterías, nada graciosas. Y ahora aquí en pie, acallando el zumbido del monitor, vuelvo a repetir: "Es un enviado de la innombrable queriendo cobrar. Algún enviado que a deshora quiere a mi cuarto entrar. Eso es todo y nada más". Ahora mi ánimo cobraba bríos, ya sin titubeos: "Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón imploro, mas el caso es que, acabado como me tenéis ya, ni un céntimo me queda".Y entonces abrí la puerta: Oscuridad, y nada más. Escrutando hondo en aquella negrura permanecí largo rato atónito, sorprendido, dudando, soñando cosas que ningún mortal se atrevería a soñar. Mas en el silencio insoldable la quietud callaba, y la única palabra ahí proferida era el balbuceo de un nombre: "¿La BaRdA dE PaPeL? La pronuncié en un susurro, y el eco lo devolvió en un murmullo: "¡ La BaRdA dE PaPeL! Apenas esto fué, y nada más. Vuelto a mi cuarto, mi alma toda, toda mi alma abrasándose dentro de mí, no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza. ¡Es el viento y nada más! De golpe abrí la puerta, y con suave batir de alas, entró un majestuoso cuervo de los graciosos días idos, sin asomos de reverencia, ni un instante quedo; y con aires de gran señor, o gran dama, fué a posarse sobre el monitor de mi computadora. Posado, inmóvil, y nada más. Entonces éste pájaro de ébano cambió mis tristes fantasías en una sonrisa, recordando un buen artículo de la La BaRdA dE PaPeL que ni la brutal Innombrable pudo hallar. "Aún con la La BaRdA dE PaPeL demandada y clausurada -le dije- aún puedo sonreír, horrido cuervo vestuoso y amenazador, evadido de la ribera nocturna. ¡Dime cuando volveré a ver la La BaRdA dE PaPeL!" Y el cuervo dijo: "Nunca más". Cuánto me sorprendió que pájaro casi tan horrido como los artículos de esa porquería pudiera hablar tan claramente. Mas el cuervo, posado solitario en el monitor de mi computadora, pronunció, como virtiendo su alma sólo en esas palabras. Nada más dijo entonces; no movió ni una pluma. Y entonces yo dije: "Otros miembros de la W.U.E.B.A. se han ido antes; mañana el “pOrQue” también me dejará, como me abandonaron mis gumaros. Y el pájaro dijo entonces: "Nunca más". Sobrecogido al romper el silencio tan idóneas palabras, "Sin duda -pensé-, sin duda lo que dice es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido de un amo infortunado. Mas el cuervo arrancó todavía de mis tristes fantasías una sonrisa de recordar la La BaRdA dE PaPeL, y quedé pensando que era lo que quería decir ese torvo, desgarbado, hórrido, flaco y ominoso pájaro de antaño graznando: "Nunca más". Entonces me pareció que el aire se tornaba más denso, perfumado y entonces me dije: "¡miserable!, ¡tu asqueroso creador te ha concedido, por estos demonios te ha otorgado una tregua, tregua de neptante de tus recuerdos de la La BaRdA dE PaPeL! ¡Apura, oh, apura éste dulce neptante y olvida a tu ausente “BaRdA dE PaPeL”! Y el cuervo dijo: "Nunca más". "¡Profeta! -exclamé- ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador! ¡Dime, te lo imploro, ¿hay manera de La BaRdA dE PaPeL regresar?! Y el cuervo dijo: "Nunca más". "¡Profeta! -exclamé- ¡cosa diabólica! ¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio enviado por el Tentador! ¡Por ese cielo que se cruza por nuestras cabezas, por ese Dios que adoramos, único y verdadero, sin charlatanerías de espagueti! ¡Dile ha ésta alma abrumada por las penas si el remoto Edén tendra en sus brazos a una santa doncella, llamada por la Innombrable, “La BaRdA dE PaPeL”. Y el cuervo dijo: "Nunca más".
"eRa" Allan Poe

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